Cuentos de la Inundación: El Proyecto
Daniel Benveniste
Este es un libro de cuentos y dibujos de la inundación ocurrida en Venezuela en 1999. En diciembre de 1999, después de copiosas lluvias ininterrumpidas, Venezuela sufrió una inundación de tal magnitud que mató entre cinco y siete mil personas según versión oficial de Defensa Civil y entre diez y vienticinco mil personas según versión extraoficial, dejando además cientos de miles de personas traumatizadas y sin hogar.
La sociedad civil en todo el país se organizó de manera voluntaria y masiva para brindar su ayuda a los damnificados; en particular, concentrando tal acción en los refugios y albergues. Cada persona colaboró de acuerdo a sus capacidades. Los psicólogos ayudaron con la organización de los albergues y con tratamiento directo de psicoterapia a las personas traumatizada por el desastre.
El Proyecto Un año después del desastre, la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Cruz Roja y una escuela en Vargas comenzaron un proyecto para ayudar a algunos de los niños que continuaban traumatizados por sus experiencias de la inundación. En este proyecto tres estudiantes de la Escuela de Psicología de la UCV recibieron entrenamiento básico en psicoterapia para niños. Ellas evaluaron veintiocho niños y administraron un breve tratamiento para catorce de ellos. Cada niño fue evaluado con diferentes instrumentos psicológicos para determinar la presencia de síntomas de trauma psicológico. En una parte de la evaluación, cada niño fue invitado a dibujar la inundación y a contar un cuento sobre su dibujo. Posteriormente, se llevó a cabo un tratamiento breve de diez sesiones para cada niño, en el cual cada niño individualmente fue invitado a realizar un dibujo y a contar un cuento sobre cualquier cosa que quisieran, pudiendo expresar asi sus sentimientos, miedos y pensamientos. En el proceso de la psicoterapia del arte, muchos niños realizaron dibujos adicionales de la inundación.
Este libro es una colección de algunos de estos dibujos y cuentos de la inundación, en su mayoría realizados un año después del evento traumático.
Los cuentos comienzan con una serie de dibujos y cuentos de un niño, relatados apenas dos semanas después de la inundación. Esta serie presenta muy claramente la experiencia traumática de un niño de diez años y el reestablecimiento de su control en el proceso de expresar sus sentimientos, pensamientos y miedos.
Muchas personas estuvieron involucradas en este proyecto. El Profesor Martín Villalobos de la Universidad Central de Venezuela tuvo a su cargo la coordinación central del proyecto conjunto entre la Universidad, la Cruz Roja Americana, la Escuela "Manuel Segundo Sánchez" de la Parroquia Maiquetía, y las tres estudiantes de psicologia que hicieron el trabajo clinico. Fue tutor de la tesis de pre-grado sobre este proyecto realizada por Mónica Fraca, Marjorie Gutiérrez,y Sabrina Ramírez. Ellas son las tres estudiantes que hicieron el trabajo clinico y recolectaron los dibujos y cuentos de los niños sobre la inundación. La psicologa-psicoanalista Adriana Prengler ofreció supervisión a las estudiantes y contribuyó con los cuentos y dibujos de uno de sus pacientes quien fue traumatizado por la inundacion, y quien procesó su trauma a través de sus dibujos y de la oportunidad de contar sus cuentos de la inundación.
Mi rol fue proveer la propuesta original para este proyecto, construir el plan de la investigación en colaboración con Martin Villalobos y las estudiantes, supervisar el trabajo clinico de las estudiantes y compilar el material para este libro. Los niños de Vargas recordaron, dibujaron, y contaron sus experiencias de la inundación mostrando coraje y creatividad. De esta manera muchos de ellos resolvieron sus experiencias traumáticas. Pero más allá de ello, sus cuentos nos ayudan a recordar, expresar y resolver nuestras experiencias traumáticas de la inundación, asi como de otras crisis psicológicas.
Crisis Psicológica Una crisis psicológica ocurre cuando un evento traumático desborda excesivamente la capacidad de una persona de manejarse en su modo usual. No podemos predecir crisis psicológicas de manera confiable basándonos en los eventos que las preceden, ya que un evento que precipita una crisis en una persona no necesariamente lo hará en otra. No obstante, algunos eventos precipitan normalmente reacciones de crisis psicológicas. Estos eventos incluyen ataques físicos, tortura, violaciones, accidentes, intensas pérdidas personales y catástrofes naturales como terremotos, incendios y diluvios. Tales eventos inducirán a menudo a un desorden psiquiátrico que nosotros llamamos Desorden de Estrés Agudo.
Este desorden está caracterizado por sentimientos de intenso miedo, impotencia y horror. Puede haber también ausencia total de emociones, de sensibilidad emocional, sentimiento de desconexión, reducción del reconocimiento de ambientes, sentido de irrealidad o amnesia. Las personas que sufren un desorden de estrés agudo pueden sentirse ansiosas, excitables, agitadas, desesperadas, irritables o desesperanzadas. Estas personas pueden re-experimentar el evento repitiéndolo en sueños recurrentes, en escenas repetitivas y recuerdos persistentes del trauma. También pueden evitar contactar con otras personas, lugares y objetos que pudieran evocar recuerdos del evento traumático. Pueden presentar dificultades para concentrarse y funcionar en su manera habitual en el hogar y el trabajo. Es muy común que padezcan de sentimientos de culpa por haber sobrevivido o por sentir que no han proporcionado suficiente ayuda a otros. Algunas personas pueden ponerse agresivas o autodestructivas, descuidándose a si mismas, sintiéndose confusas o comportándose de modo extraño.
Cuando el paciente es tratado rápidamente, los síntomas de estrés agudo en general disminuyen o desaparecen completamente en los siguientes treinta días. En algunos casos, particularmente cuando no hay tratamiento, este trastorno puede persistir. Si su duración es de uno a tres meses, lo llamamos Trastorno de Estrés Post Traumático. Cuando los síntomas duran más de tres meses, lo llamamos Trastorno de Estrés Post Traumático Crónico. En los casos en que este desorden no es tratado, no es poco común que persistan los síntomas durante muchos años y que se transformen en serios problemas en la vida de una persona y de sus familiares, quienes también estarán afectados por tales síntomas.
Tratamiento de Personas Con Desórdenes Post – Traumáticos Agudos
Los consejeros que trabajan con este problema pueden ayudar a manejar la vida de estos pacientes luego del evento traumático (informando a otros, haciendo llamadas, reprogramando la rutina diaria de la persona) y proporcionando un lugar seguro para hablar sobre el evento, sobre los síntomas o cualquier otra cosa que habite la mente del paciente. En el inicio, a veces es terriblemente doloroso hablar sobre el evento traumático; sin embargo, las personas reportan a menudo un sentido de alivio y una reducción de los síntomas después de haber podido hablar sobre ello. Después de hacerlo, pueden ver la situación más claramente luego de sacar a la luz su experiencia, observar los aspectos del problema y considerarlos todos juntos con un consejero.
Mientras los adultos pueden hablar con un terapeuta, es probable que un niño que sufre una reacción de tensión aguda lo exprese en lenguaje lúdico no-verbal, así como en metáforas verbales acerca de las historias que nos cuentan sobre lo que imaginan. Así, con niños podremos, más probablemente, dirigir una sesión de terapia de juego. En muchas circunstancias, el cambio de conducta súbito de la persona traumatizada afecta a toda la familia. Cuando esto sucede, es útil para la familia solicitar la ayuda de un terapeuta de familia para poder comunicarse y obtener la ayuda requerida.
Un evento traumático es aquel en el que una persona está agobiada por la intensidad de la situación, la cual sobrepasa su nivel de tolerancia, siendo sus mecanismos defensivos insuficientes para lidiar con dicha situación. Para tratar con este desorden,intentamos rememorar el evento, analizarlo en pequeñas partes, comprenderlo, dominarlo, digerirlo y hacerlo más inteligible. Sin embargo, hay algunas circunstancias en que las personas son indiferentes o incapaces de hablar del evento traumático específico. En éste caso, la persona es animada a hablar sobre cualquier cosa que esté presente en su mente y aún de esta manera, muchas veces los síntomas disminuyen.
Conexiones, Desconexiones y Reconexiones
Todos sabemos acerca de nosotros mismos y acerca del placer de nuestro mundo a través de las conexiones que tenemos con las personas, los lugares y las cosas en nuestra vida. Cuando esas conexiones son cortadas debido a desastres naturales, el niño o adulto no sólo se siente asustado por el evento que acaba de sufrir sino, además, por la desconexión de todo lo que una vez fue su mundo. En tales circunstancias es importante intentar reconstruir su mundo echando mano de cualquier cosa que haya sobrevivido, incluso los objetos y recuerdos. Al trabajar con niños, es a menudo útil invitarlos a realizar un dibujo y a contar su historia mientras el consejero toma dictado. Luego, el niño puede dibujar su casa antes y después del desastre, dibujar a las personas ó cosas que perdió, realizar dibujos de cómo se sentía antes del trauma y de sus sentimientos actuales.
Las historias previamente dictadas por ellos pueden leerse nuevamente, esta vez agregando detalles e historias adicionales y así sucesivamente. Estos dibujos e historias pueden finalmente juntarse y engraparse formando un LIBRO que, para el resto de sus vidas pudiera ser lo único que permanezca de entre todo lo que perdieron, dándole así una cierta continuidad a su vida y un sentimiento de identidad.
Este Libro
Este libro comienza con tres capítulos breves que describen el proyecto, la organización del proyecto y los resultados del proyecto. El siguiente capitulo, “Los ‘Cuentos de Ernesto“, es una colección de cuentos y dibujos de un niño de diez años que resolvió su reacción traumática dos semanas después de la inundación, en psicoterapia con la psicoanalista Adriana Prengler.
La sección que le sigue a continuación, titulada “Cuentos de la Inundación“ es la más extensa. Contiene una colección de los dibujos y cuentos realizado por los niños de la Escuela "Manuel Segundo Sánchez" de la Parroquia Maiquetía del Estado Vargas; quienes dibujaron y relataron sus cuentos durante las evaluaciones y sesiones de psicoterapia del arte con las estudiantes de Psicologia de la Universidad Central de Venezuela, un año y medio despues de la inundación.Por razones de confidencialidad los nombres de los niños fueron cambiados.
Cuentos de la Inundación: Concretando el Proyecto
Martin Villalobos
Las lluvias que cayeron sobre el Estado Vargas en diciembre de 1999, generaron el mayor desastre que ha padecido nuestro país en las últimas décadas. La magnitud del daño representado en la pérdida de vidas, el número de damnificados, la destrucción de viviendas, el colapso de la infraestructura y servicios, las pérdidas económicas, y la transformación ambiental ocurrida; sin lugar a dudas, le dan ese carácter. Sin embargo, esa dramática situación sirvió para evidenciar la elogiable capacidad para que de manera casi totalmente espontánea, la sociedad civil se organizara y brindara la ayuda requerida por las víctimas en esos difíciles momentos. En este sentido, pudiéramos decir que además de haber sino una oportunidad para destacar la presencia de valores como la cooperación y solidaridad de nuestra sociedad, permitió constatarla de organismos internacionales de socorro y ayuda humanitaria. Es menester destacar que entes gubernamentales, el sector empresarial, organizaciones no gubernamentales y organismos internacionales, jugaron un papel sumamente importante en la calidad de respuesta que se dio a las personas afectadas por el desastre.
En particular, la Universidad Central de Venezuela, con sus docentes y estudiantes de las diversas facultades, así como sus distintas dependencias, tuvieron una destacada labor. Participando en las acciones de rescate, en la atención médica, organización de albergues, y en el suministro de medicinas y alimentos, entre otros aspectos. La Red de Apoyo Psicológico (RAP), fue la manera espontánea e inmediata en la que profesores y estudiantes de la Escuela de Psicología UCV y de la Universidad Católica "Andrés Bello", así como psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas, se organizaron para brindar su ayuda psicológica requerida durante las primeras semanas. Sin lugar a dudas, esta organización de profesionales de la salud mental, su cooperación con oficinas del gobierno y organismos internacionales, así como la calidad de la ayuda brindada, hacen que se haya contado entre las iniciativas más exitosas puestas en marcha a raíz del desastre.
Ahora bien, después de las primeras cuatro semanas, las actividades de la RAP llegaron a su fin de manera formal. El inicio de las actividades académicas y profesionales de los integrantes, más el traslado de los damnificados al interior del país, hacían imposible continuar con la actividad de la RAP tal y como había sido su estructuración y dinámica. Más, sin embargo, diversos integrantes de la red continuaron desarrollando labores en la nueva etapa con los damnificados, y muy particularmente con la población que se había quedado viviendo en Vargas. Aunque, es justo reconocer, sin que existiese una adecuada coordinación entre los diversos sectores o se hubiese organizado un plan nacional de asistencia psicológica.
Cuando a comienzos de agosto de 2000, el Dr. Benveniste me planteó su propuesta de recopilar cuentos y dibujos de niños sobrevivientes de Vargas, y publicarlos en la prensa nacional como una manera de contribuir a la elaboración colectiva del desastre, inmediatamente me entusiasmé; aunque debo confesar en honor a la verdad, que fue muy a mi pesar. Desde que la Red de Apoyo Psicológico había culminado formalmente sus labores en enero de 2000, había intentado mantenerme al margen de cualquier iniciativa que conllevase el contactar directamente con sobrevivientes de Vargas; más allá de aquellos que tuviese que atender por la actividad asistencial que realizo en la Sección de Neuropsicología del Servicio de Neurología del Hospital Universitario de Caracas, o en el Departamento de Psicología de la Organización de Bienestar Estudiantil (OBE).
Suponía ayer, y aún hoy lo sostengo, que las necesidades materiales de los sobrevivientes, a pesar del esfuerzo realizado por el gobierno nacional, las organizaciones no gubernamentales y los organismos internacionales de ayuda, son tan amplias y profundas, que cualquier intento de intervención o de asistencia psicológica iba a tener que enfrentar serios problemas derivados de la distancia existente entre las necesidades y expectativas de ellos, y del carácter psicológico y limitación de recursos de nuestra intervención. Sin embargo, fue tanta la motivación y cariño plasmado en la iniciativa, que era imposible negarse, y resultó natural apoyar esta aventura que proponía el Dr. Benveniste.
Por otra parte, el haber tenido la oportunidad de conocer la experiencia de la Dra. Adriana Prengler, quien trabajó muy de cerca con el Dr. Benveniste en la tragedia de Vargas, especialmente en el tratamiento de Ernesto, un niño sobreviviente que atendió quince días después del desastre, marcó un hito importante. El conocer los dibujos y relatos de Ernesto, generó una suerte de mosaico de sentimientos. Por un lado, la constatación de su tragedia personal; pero al mismo tiempo, su capacidad de adaptación y elaboración de su experiencia traumática. Pero, ¿ y los otros miles de niños de Vargas... tendrían la misma capacidad y fortalezas de Ernesto?. De allí emergería una demanda no sólo académica, sino básicamente ética: tratar de responder a esas interrogantes.
Sin lugar a dudas, en mi actitud influyó el contacto con dos profesionales norteamericanos sostenidos durante el mes de junio. Entre el 12 y el 14 de ese mes nos visitó el Dr. Gilbert Reyes, docente del Disaster Mental Health Institute, de la South Dakota University (USA). Con él habíamos tenido la oportunidad de tener un amplio y enriquecedor intercambio de opiniones, e incluso le organizamos una visita a Vargas, y pudimos conocer su impresión directa a un año del desastre. Sus palabras de reconocimiento a la labor realizada por la RAP, así como las informaciones que nos brindó y sus opiniones nos resultaron de gran ayuda. Por otra parte, con motivo de esa visita pudimos contactar e intercambiar ideas con Jennifer Peavy de la Delegación Venezolana de la Cruz Roja Americana, quien de manera muy sencilla y precisa nos había informado de la participación que la agencia había tenido desde los primeros momentos, así como de algunas orientaciones sobre la importancia del trabajo con las Escuelas, para lo cual disponían de un kit de trabajo con materiales educativos.
Ahora bien, el desarrollo del proyecto de los cuentos de inundación suponía el poder contactar con los niños de Vargas, para lo cual también era necesario acceder a las escuelas. Sin embargo, no resultó fácil. Los contactos que hicimos con otras dependencias de la UCV que realizaban algún tipo de trabajo en Vargas no dio los resultados esperados, tampoco los contactos con organismos públicos. A comienzos del mes de octubre, cuando ya habían transcurridos varias semanas, y había renunciado por ahora al desarrollo del mismo, Mónica Fraca, Marjorie Gutiérrez y Sabrina Ramírez, cursantes para ese momento del noveno semestre de la Escuela de Psicología de la Universidad Central de Venezuela, manifestaron su interés en realizar su trabajo de grado con niños sobrevivientes del Estado Vargas. Entusiastas me hablaron acerca de la variada experiencia de cada una con ese acontecimiento. Junto al Dr. Benveniste comenzamos a trabajar en la elaboración del anteproyecto. Nos pareció que los cuentos y dibujos de la inundación elaborados por esos niños podían ser parte del material de investigación a utilizarse para la detección de síntomas asociados a estrés postraumático. Y al mismo tiempo nos planteamos realizar una intervención psicoterapéutica centrada en el tratamiento de los síntomas detectados, utilizando para ello la modalidad de psicoterapia de arte. El Dr. Benveniste asumió el entrenamiento de las alumnas en terapia de arte y la supervisión de los casos clínicos De esta manera quedó integrado un proyecto de investigación bastante ambicioso, pero igualmente necesario.
Nuevamente resultó difícil acceder directamente a las escuelas de Vargas y fue allí cuando las psicólogas Claudia Carrillo y Delys Marcano de la Delegación Venezolana de la American Red Cross, nos propusieron trabajar con la Escuela "Miguel Segundo Sánchez" de la Parroquia Maiquetía, con la cual mantenían contacto institucional. De esta manera se logró superar una dificultad importante e iniciar el desarrollo del proyecto.Es menester destacar que desde el primer contacto tanto el Prof. Juan Bautista Salas Valentín, Director de la Unidad Educativa como el grupo de maestros del turno de la tarde nos manifestaron una amplia aceptación del proyecto y expresaron al mismo tiempo las inmensas necesidades que de todo tipo poseían. Les propusimos trabajar conjuntamente. Así, les planteamos que nos ayudaran a determinar cuáles niños estaban presentando algunas conductas que pudieran estar asociadas a la experiencia traumática de diciembre de 1999. Para facilitarles tal actividad organizamos, en el mes de febrero de 2001, un taller sobre estrés postraumático en niños, que se desarrolló con una masiva y entusista participación de los maestros., y avalamos con el otorgamiento de una credencial certificada por la Especilización en Psicología Clínica de la Universidad Central de Venzuela.
Es menester destacar la encomiable labor desarrollada por las tesistas: Mónica Fraca, Marjorie Gutierrez y Sabrina Ramírez. La calidad científica del trabajo realizado, el desbordante entusiamo que les permitió superar las dificultades propias de la investigación, la amorosa relación establecidas con los niños y el vínculo profesional conformado con los maestros, merecen sin la menor duda un público y justo reconocimiento. Todo ello es una evidencia más del enorme potencial de nuestra juventud universitaria para enfrentar exitosamente grandes retos.
Ha sido un largo camino, pero la receptividad y afecto recibidos de los niños de la Escuela "Miguel Segundo Sánchez" ha compensado todo las dificultades encontradas y el esfuerzo realizado. Es por ellos, y para ellos. Esperamos con el desarrollo de este proyecto, haber prestado una pequeña ayuda para que la dramática experiencia de los niños de Vargas sea conocida, para que ellos y todos nosotros, podamos continuar elaborando la dolorosa experiencia de diciembre de 1999.
Cuentos de la Inundación: Resultados del Proyecto al Finalizar la Intervención Psicológica
Mónica Fraca, Marjorie Gutiérrez y Sabrina Ramírez
En el mes de septiembre se nos planteó realizar un trabajo de investigación, requisito indispensable para obtener el titulo de Licenciadas en Psicología. Inmediatamente se nos vino a la mente la posibilidad de trabajar con los niños de Vargas ya que nuestra experiencia con los damnificados de Vargas nos dejo muchas inquietudes y deseos de continuar. Nos dimos cuenta que quince meses después ocurrida la tragedia en Vargas el trabajo por parte de los organismos gubernamentales estuvo centrado en la recuperación de la infraestructura y no conocíamos de otros entes que hubiesen o estuviesen prestando apoyo. Es por ello que nos surgió la inquietud de conocer ¿qué fue lo que paso con los niños? ¿cómo les afectó la tragedia? Y mas que eso ¿de qué manera podíamos ayudarlos? de allí nace nuestra idea de brindar atención psicológica a través de la Psicoterapia del Arte a los niños víctimas de la tragedia de Vargas. Para ello siempre contamos con la ayuda de los profesores Martín Villalobos y Daniel Benveniste, quienes en todo momento nos brindaron orientación y ánimos para llevar adelante este proyecto.
En un inicio establecimos contacto con la Unidad Educativa Nacional Manuel Segundo Sánchez. Se realizó una evaluación a todos los niños de 4to, 5to y 6to grado del turno de la tarde, encontrando que solo 27 niños de 130 presentaron manifestaciones de estrés postraumático. Se solicitó la autorización de los representantes de estos niños seleccionados y se realizó además una entrevista con los maestros para conocer su situación académica y su comportamiento en el aula de clase. Asimismo se envió con los niños un cuestionario para los padres que solicitaba información referente al comportamiento del niño antes y después de la tragedia, composición familiar y consecuencias de la tragedia en la familia.
Luego de obtener los permisos y de haber recibido un entrenamiento nos dispusimos a realizar la intervención. Para ello, los niños se dividieron en dos grupos, unos recibieron intervención y otros no. Esto se realizó debido a que no se contaba con suficiente personal para atenderlos a todos y se pretendía observar si el tratamiento resultaba o no efectivo.
A finales de febrero de 2001 se inicia la intervención. Cada niño fue atendido por una de la investigadoras (siempre la misma) dos veces por semana en un ambiente privado (biblioteca de la escuela), con una duración de tiempo de treinta minutos, en la cual se invitaba al niño a dibujar libremente y a contar historias. Con ello se buscaba que el niño expresara sus pensamientos, sentimientos y conflictos, y que a la vez tuviera la oportunidad de lograr un cambio en su mente, disminuyendo de esta manera las consecuencias que la exposición a la tragedia de Vargas trajo a su vida.
Los resultados mostraron que habían diferencias entre los sexos. Las niñas que recibieron la intervención mejoraron notablemente la expresión de los síntomas de ansiedad, depresión, agresividad y estrés postraumático. Por otra parte, en cuanto a su rendimiento escolar se observó en ellas mayor interacción en clase, asi como fluidez en las relaciones interpersonales y mayor apertura en la relación con sus maestras. Un ejemplo de ello es el caso de Sylvia, una niña de 12 años quien se mostraba muy tímida y retraída en el aula de clase. Había sufrido pérdidas materiales en su hogar. A pesar de tener un buen rendimiento académico, su madre reportó cambios. Luego de ocurrido el desastre tenía miedos y dificultad para dormir. A lo largo de la intervención pudo verse como poco a poco logró expresar con mas confianza sus principales miedos y preocupaciones, lo que generó que al finalizar la intervención, Sylvia se comportara de manera diferente, dejando atrás sus temores y habiendo sobrellevado su dificultad para conciliar el sueño. Por otra parte, su interacción en el aula de clase se tornó más participativa y su maestra reportó: Está muy comunicativa y ha hecho muchos amigos”. Su higiene personal se incrementó y su estado de ánimo pasó de ser indiferente a alegre.
Sylvia es sólo un ejemplo de los grandes cambios y beneficios que presentaron las niñas luego de la intervención, a diferencia de aquellas que no recibieron tratamiento, quienes mantuvieron su comportamiento a lo largo del tiempo, mejorando solamente en la expresión de los conflictos sexuales. No hubo reportes favorables ni de los padres ni de los maestros; muy por el contrario solicitaban que fuesen atendidas por las psicólogas ya que veían que las otras niñas estaban mejorando, tal y como lo expresa una de las maestras de 5to grado: “me gustaría que Sofía pudiera ser atendida ya que veo que Daniela está mejor desde que trabaja con ustedes”.
Los varones que recibieron intervención lograron una disminución en menor grado en los síntomas de ansiedad, agresión, estrés postraumático. A su vez mejoraron considerablemente en sus relaciones dentro del aula de clase, rendimiento académico, participación y relación con los compañeros, desapareciendo, además, sus miedos.
Un ejemplo de ello sería el caso de Marcos, un niño de diez años, que perdió su hogar a raíz de la tragedia, lo que trajo como consecuencia miedo a la lluvia, disminución en su rendimiento académico, timidez e intranquilidad a nivel corporal. Durante su tratamiento se mostró muy colaborador y entusiasmado con realizar la actividad. Al finalizar se observaron cambios notorios en su conducta y el maestro manifestó: “Yo lo veo mucho mejor, participa en clase, ya no falta tanto y su rendimiento ha mejorada”. Por su parte la madre expresó: “Muchas gracias por todo lo que han hecho por mi hijo; yo lo veo mas abierto y comunicativo y ya no pelea tanto con su hermano”.
Al igual que en el caso de Marcos, los padres y maestros de otros niños reportaron mejorías. Aquellos niños que no recibieron el tratamiento disminuyeron en la expresión de la rabia y los conflictos sexuales no observándose mejoría ni en el aula de clase ni en la casa.
Estos resultados permitieron concluir que la expresión de los síntomas mejoró en mayor medida en las niñas que en los niños. Esto es debido probablemente a que las hembras pueden expresar con mayor facilidad la conflictiva psíquica a través de la palabra. Pareciera que los varones por su parte, pueden manifestar sus preocupaciones a través de la actividad física. En este sentido el tratamiento empleado resultó mas efectivo en las hembras que en los varones.
Sin embargo, la mejoría en las relaciones sociales y el rendimiento escolar se vió favorecido de igual modo para ambos sexos, lo que estaría indicando que pueden verse beneficios a corto plazo luego de utilizar esta técnica en todos los niños.
Al finalizar la evaluación, se realizó un taller en dos sesiones para el grupo que no recibió tratamiento, con la finalidad de permitirles también a ellos mejorar su problemática; no evaluándose la efectividad ni el alcance del mismo.
La experiencia de trabajar con estos niños fue para nosotras muy gratificante, ya que pudimos ayudarles a reconstruir importantes aspectos de su vida . Sabemos que aún queda mucho por hacer y que esto es sólo un inicio para fomentar la salud mental y el bienestar de nuestros niños. Estamos dispuestas a continuar con esta tarea y esperamos que este libro sea una contribución más para dar la oportunidad a otros de beneficiarse.
Los Cuentos de Ernesto
Adriana Prengler C.
“NO SE CÓMO EMPEZAR”... repetía Ernesto, una y una vez ante mi pedido de que realizara un dibujo... “No sé cómo empezar”. Tomó una hoja y me preguntó: “¿QUÉ PINTO?”
PRIMERA SESIÓN: Ernesto, de diez años de edad, había logrado sobrevivir junto a sus padres, a las inundaciones ocurridas en Venezuela en el Diciembre de 1999. El hogar de Ernesto fue uno de los que quedó totalmente enterrado bajo el fango, sin que hubiese sido posible recuperar un libro, un recuerdo, ó alguna foto que atestigüe el paso del tiempo.
Ernesto había sido traído por su madre debido a que desde el día de la catástrofe presentaba dificultad para respirar y se mostraba indiferente, “como si estuviese anestesiado”, sin poder expresar dolor alguno por las pérdidas sufridas, ni hacer ningún tipo de comentarios, a la vez que mostraba una ansiedad inusual en él.
Sus repetitivas palabras hacían eco en mis oídos: “No sé cómo empezar...” Traté entonces de ayudarle a remontarse a su vida de antes del desastre, al momento en que nada le exigía “comenzar”, sólo continuar. Entonces le dije que quizás quisiera pintar su casa como era antes de la inundación. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios y se aprestó a dibujar. Volvió a tomar el lápiz y con mucho cuidado fue “construyendo” el techo, las paredes, las puertas y ventanas, el cielo, un sol brillante, las nubes y los pájaros... todo tal como lo recordaba antes de la tragedia, lleno de color.
A medida que iba dibujando con trazo firme y colorido, me comentaba sobre su casa, sus perros, sus pájaros, sus libros y juguetes. Finalizó este dibujo de su casa tal como la recordaba, y sin titubear lo tituló “La casa antes de la lluvia”; como si esto marcara en su vida un antes y un después. (Figura 1)
Ahora parecía dispuesto a mostrarme lo que quedó de su casa después del desastre, y comenzó a dibujar a medida que iniciaba simultáneamente su relato: “Estábamos en la casa viendo televisión. Llamó mi tía y dijo que veía que el río que pasa cerca de su casa estaba muy crecido. Mamá miró por la ventana de la cocina, vio nuestro río también muy crecido... vió que no se podía pasar... la calle ya no estaba y la casa parecía estar flotando en el agua... la calle se había convertido en un río y estábamos atrapados... mamá comenzó a llorar. Subimos al techo de la casa y nos quedamos ahí, bajo la lluvia. Todos los vecinos hacían lo mismo.”
A medida que se adentra en su relato, Ernesto comienza a dibujar más rápido, excitado, marcando en la hoja cada detalle de lo que va narrando: por dónde corría, dónde estaba cada uno, cómo iban sucediendo las cosas: “Estábamos en el techo. La señora Juana, que trabajaba en mi casa y vivía con nosotros desde que nací, con sus dos hijos de doce y siete años, también se subió con nosotros. La vecina nos dijo que nos pasemos a su casa por un muro, ya que era más alta y más segura. Saltamos el muro y nos quedamos ahí toda la noche bajo la lluvia. Tenía frío. Al amanecer el río estaba más pausado y logramos irnos al techo de otros vecinos de más confianza. Nos fuimos mi mamá, papá, yo y otros vecinos. De repente, las avalanchas comenzaron a venir muy seguidas. La Sra. Juana y sus dos hijos se quedaron en el otro techo, que después se cayó. No la vimos más. Allí pasamos todo el día. Desde allí vimos la ola que venía bajando por la montaña. Era la misma montaña que siempre mirábamos por la ventana y que se había convertido en una ola gigante que arrastraba rocas inmensas del tamaño de la casa, carros y árboles enteros con sus raíces. No lo podía creer. Comenzamos a correr y a correr. Los niños alcanzamos a quedarnos en un techo y los adultos en otro. Nos quedamos viendo cómo todo se caía, la montaña se vino abajo, los carros volaban, los troncos de los árboles corrían por el agua, piedras del tamaño de las casas caían. Yo creí que el mundo se iba a acabar, que todos íbamos a morir. Yo estaba en un techo más lejos, mi papá más cerca de la montaña y mi mamá en el medio. La ola venía hacia nosotros y pensé que nos iba a llevar, pero de repente, no sé cómo, un árbol muy grande, que había caído frente a nosotros, con raíces inmensas desvió todo para los costados y dividió el río en dos. Nosotros quedamos en el medio de los dos ríos, como en una isla de piedras, viendo como los carros y árboles flotaban a toda velocidad por el río".
Al llegar a este punto, se le acabó la hoja y, ávido, pidió otra. La colocó a continuación de la primera y prosiguió ilustrando sus palabras: “Vimos como todo se caía... la casa se caía... Una de las divisiones del río se fue hacia mi colegio y lo destruyó, la otra se fue hacia un edificio alto y lo partió en dos. Yo estaba muy asustado; creí que el río me iba a llevar. Tenía mucho frío, estaba mojado, tenía hambre y sed.”
“Vi mis perros ahogarse... nadaban pero ya estaban demasiado cansados... yo tenía mucho miedo de que el agua me llevara. Yo no sabía si mi papá estaba vivo porque no podía verlo. Me dijeron que yo me vaya corriendo para que me salve. Mi mamá me gritaba ¡¡Corre!! ¡¡Corre!! Yo corría y a cada rato me daba vuelta a despedirme de ella. La veía a lo lejos, me volteaba y le decía: “Te quiero” y la saludaba con la mano. Pensé que no los iba a ver nunca más. A mi mamá la veía, pero pensé que mi papá había muerto. Corrí hasta llegar a un techo más seguro. Tenía frío, estaba todo mojado y lleno de lodo, no había bebido ni comido por dos días, tenía mucha sed”.
Así, casi sin darse cuenta, Ernesto concluye su historia. Entones observa su dibujo y comenta: “¡Uy! ¡Qué horrible! ¡Es un desastre! ¡Qué feo dibujo! ¡Ni se entiende nada!”. Le digo que sí, que fue horrible lo que pasó, un desastre muy difícil de entender. Le pregunto si quisiera colorearlo y me responde: “¡Cómo voy a pintar ese dibujo tan feo!”
SEGUNDA SESION: Ernesto entra al consultorio y al mirar sobre el escritorio, presta atención a un cuaderno que tiene en una de sus tapas, un dibujo coloreado de un joven surfista. Lo mira con nostalgia y me cuenta que le gusta surfear, que una de las cosas que le da mucha lástima es que perdió su tabla de surf. Vivía cerca de la playa y el surf era su deporte preferido. Me cuenta que tenía las paredes de su cuarto tapizadas con afiches como el del cuaderno y que le gustaría volver a juntar esos dibujos. Le ofrezco que recorte la tapa del cuaderno y se quede con ella, para “comenzar a reconstruir” su pared. Me agradece comentando que le gusta “para comenzar”: una metáfora de “re-comenzar” su vida nuevamente.
Ernesto pide una hoja en blanco. Me dice que quiere hacer otra vez el dibujo de la inundación, pero más bonito. Comienza a dibujar por segunda vez lo ocurrido en el desastre: las casas, los techos, la lluvia, los objetos arrastrados por el torrente; Pero esta vez, más ordenado, como si necesitara poner en orden sus ideas y percepción de lo ocurrido. Calmado, dibuja y colorea, mientras vuelvo a escuchar, con el mismo interés, la historia que relata por segunda vez; ahora de manera pausada, mirándome a los ojos, y haciendo gestos que muestran su empatía y alianza conmigo. Llama la atención que en el centro de este ordenado dibujo del desastre, puede verse un auto que al quedar yuxtapuesto con el tronco de un árbol, forma la clara imagen de una cruz, junto con otros autos que a su vez parecen cruces, dando la imagen de sepulcros en un cementerio, por debajo de las aguas .
Le pregunto si cree que volverá a ver a la Señora Juana. Responde que no sabe, pero comienza a hablar de su difunto abuelo paterno, el Nono, a quien él quería mucho y aún extraña. Muestra así su irrevocable sospecha de que Juana y sus hijos han muerto arrasados por las aguas. Me cuenta algunas cosas acerca de ella y de sus hijos, de su cariño por ellos y de sus dudas acerca de su sobre vivencia. Prosigue, como si necesitara continuar hablando de sus pérdidas, con el tema de sus tan queridos perros.
“Vi, desde el techo, como nadaban, pero que ya se veía que estaban muy cansados, por la manera como respiraban agitados; por eso sé que se ahogaron. No vi el momento en que se los llevó la corriente, pero sé que fue así”.
Finaliza la sesión diciendo: “Me siento mejor porque ahora tengo a quien contarle lo que pasó”.
TERCERA SESION: Habíamos acordado que ésta sería su última sesión, ya que debía mudarse con sus padres al interior del país. Ernesto manifiesta su deseo de dibujar y realiza tres dibujos:
Comienza dibujando sus perros, los describe “gritando, o ladrando.” Habla de su sensación de impotencia al verlos nadando, solos y sin que haya sido posible ayudarles. Me cuenta acerca de su enorme tristeza por haberlos perdido, de cuánto los extraña, de la manera como los cuidaba, los alimentaba y de cómo jugaba con ellos.
Realiza un segundo dibujo, donde aparece una gran ola, que está a punto de tapar algunos autos y cuyas cruces imprimen nuevamente la sensación de un cementerio de autos, tapiados por una gigante ola, tal cual los había descrito durante el desastre. En su tercer y último dibujo, vuelve a dibujar la misma ola, pero esta vez coloreada de azul. En el lugar de los autos enterrados bajo la ola, dibuja un niño con una tabla de surf. Esta vez utiliza la amenazante ola para surfear, cabalgando sobre ella y manteniendo el control mientras se encuentra inmerso en ella. Ernesto trataba de dominar su experiencia traumática, a la vez que iba ganando control sobre sus emociones, expresándolo a través de su dibujo.
El tratamiento de Ernesto finalizó después de tres sesiones. Sus síntomas cedieron. Se mudó fuera del distrito de donde había vivido siempre y se reincorporó a una nueva escuela. No volví a verlo hasta dos meses después, fecha en que regresó por una sesión más para despedirse, para la cual yo le había preparado un pequeño librito que contenía todos sus dibujos y las historias que él me había contado en relación con ellas. Este representaría el primer objeto concreto de enlace entre lo que Ernesto fue y es; entre el antes y el después de la lluvia. Objeto que declara y testifica que hay una continuidad en su vida entre el antes y el después, que lo reconoce e identifica como la misma persona. Ernesto lo recibió complacido y se sentó a leer el librito, del cual era su propio autor.
Cuentos de la Inundación Por Los Niños de Vargas
Nota: Algunos cuentos se acompañan de preguntas de las psicoterapeutas dirigidas al niño/a.
Karina – 12 años
Una casa que estaba en un río. Iba pasando el río y se la llevó con un poco de gente y quedaron en el mar ahogados y entonces pasaron los meses y se fueron a bañar para la playa y encontraron un poco de gente muerta y salieron corriendo a buscar a los bomberos para que vieran a la gente que estaba ahogada y se la llevaron y entonces vino un tractor y estaba escavando y sacó a una señora que estaba desnuda y después se la llevó a otro sitio y la enterró y también encontraron todos los árboles rotos porque estaban tapiados y le dieron tristeza a unos señores porque tanto que sufrieron para sembrar los árboles y al día siguiente buscaron semillas de mamón y de café y empezaron a nacer porque tanto que llovía que la mata creció y las señoras se pusieron alegres porque la mata creció y tenían para tomar café y comer mamón.
Karina - 12 años
Yo vi cuando el río se estaba llevando las personas, las casas, los carros, los ventiladores, los cuadros, los vasos. A nosotros se nos vino el cerro. Las matas cayeron arriba del techo. La sala se inundó. Una pared se abombó y suena feo. Se tapió el baño, las escaleras también se tapió con matas y tierra y menos mal que nosotros salimos. Nos llevaron los bomberos a un club y cuando salimos las matas y el cerro se vino.
Karina – 12 años
Cuando el río estaba creciendo se llevaba a la gente, a los carros, a las casas, a las sillas y a la gente. Unos señores iban a rescatar a unos bebés y después creció una quebrada y comenzaron un poco de gente y señores a salir por el techo de la desesperación. Estaba lloviendo y vino el día siguiente y nosotros nos fuimos para la casa y cuando vimos que el cerro se había venido y que la casa estaba llena de arena y agua nosotros nos quedamos abajo y había un poco de peñones y uno se tenía que encaramar en un poco de piedras y después la gente fueron a saquear para el puente. Traían cajas de comida y un poco de cosas.
Hugo – 10 años
Esas son las rocas, ese es el lodo y aquí una casa llena de lodo - una casa inundada. Aquí está un tronco arriba de la casa, quedó toda destrozada. Aquí estaba un señor, unas personas, un señor con la mitad del cuerpo lleno de lodo y el señor gritaba ¡Auxilio! Llegaron unos policías y se lo llevaron y aquí está la casa de nosotros toda llena del lodo y aquí está mi papá con una pala sacando arena, por aquí está el río bajando y habían unas señoras diciendo ¡Yo perdí mi casa y toda mi familia. La única que quede fui yo! Y ya.
Hugo – 10 años
Esta es una señora que el río se la está llevando. La señora dice: “¡Auxilio! ¡Auxilio! Sáquenme de aquí! Yo perdí a mi familia. Perdí mi casa. Perdí todo. Esto es puro lodo. El árbol se me está cayendo encima. ¡Por favor, auxilio! Sáquenme de aquí!” Entonces aquí está un señor, y él le dice señora “Déme la mano que yo la sacaré.” Y la señora estira el brazo y el señor la sujeta y la sube. La señora dice: “Gracias, señor, por haberme salvado.”
Diana – 10 años
Estos son tres niñitos que cuando iban pasando se los llevó el río y no se pudieron salvar ni nada, este (el segundo)era un sobrino de mi tío, que no se pudo salvar, más nada Mónica:¿Y este (el tercero)? Mi papá, ¿Se lo llevó el río? Él se salvó, más nada.
Andrea – 10 años
El río se había llevado una casa. Había una vez donde la gente estaba llorando porque creían que se los iba a llevar el río. Y una prima mía decía “¡Ay, que me lleve el río!”. Había una señora embarazada con otro bebé, tenía miedo por el agua. Vi niños llorando porque los dejaron solos. El tiempo estaba negro y la gente decía que el agua iba a crecer.
Andrea – 10 años
Una vez cuando crecieron los ríos, la gente estaba asustada. Se llevó hombres, mujeres y niños y una casa y unas que otras piedras por el cerro. Toda la gente estaba desesperada para ir más arriba del cerro y una guardería estaba en el cerro y nosotros nos refugiamos allí. Mi tía, mi prima, mis hermanos y yo. Mamá nos dijo que nos fuéramos con mi tía rápido porque ella no se podía ir con nosotros porque tenía que hacerse cargo de mi abuela. Ella vivía en Quebrada Seca porque el cerro tapió su casa, tumbó un pedazo. Ella se llevó a mi abuela de Quebrada Seca porque mi mamá tenía un presentimiento y ella no sabía que iban a crecer los ríos. Ya.
Andrea – 10 años
Cuando el río... yo tengo un tío que estaba con los bomberos ayudando a sacar gente. Entonces un muchacho se iba a morir y mi tío lo agarró en el río para que no se muriera. En la segunda desgracia, el río se llevó al loco, que era el borracho de la comunidad y se murió. Esta es la casa donde yo vivo. Ahí vive mi abuela, mi tío, la esposa de mi tío. Ahora yo vivo con mi tía. Yo estaba angustiada porque pensé que la crecida del río se había llevado a mi mamá y a mi tía. En la primera tragedia, viví en el Comando 58 y me fui a vivir a Maracaibo.
Aldo - 9 años
El río llevaba muchos peñones, una niña, también, un carro. El río llevaba mucha gente y tumbaba las casas y hizo muchos desastres y después se calmó todo y entonces, la gente fueron al río de Piedra Azul a lavar, a bañarse y a jugar.
Aldo – 9 años
Un río. Se llevó el carro. La gente nadaba. Los palos iban bajando. Los troncos, las matas, se cayeron muchas casas. Saquearon el mercado. Se perdieron muchos carros. Hubo desaparecidos. Bajaba mucho agua que se llevó una torre. Se cayó el puente, el agua del río se fue para el mar. Se echó a perder la carretera. Se fue la luz y hubo tiroteo. Mucha gente murió. Hay piedras que se trae el río.
Dulce – 12 años
Eran los ríos que estaban creciendo. Se fue la luz. La gente corría encima de las casas que estaban quedando. La gente corría para los cerros. Los ríos se llevaban las casas. Las piedras caían encima. Los postes se caían hacia el río. La gente gritaba, lloraba, que se caían sus casas. Después cuando amaneció, todo el mundo bajó a ver y sus casas se las había llevado el río. Más nada.
Dulce – 12 años
Este era una gente de arriba. Le gritaban a los de abajo para que subieran. El río se había llevado casas y todo eso. Caminaban con sus hijos por los techos. Cruzamos el río con mecates y con una lancha inflable. Estaba asustada. Las piedras me pegaban y pensé que el río me iba a llevar. Un señor con sus perritos se murieron cuando la guaya se soltó y los mató.
Bernard – 10 años
Este es el puente y por debajo iba el río, cuando la inundación el río creció, y tapió el puente, el agua se llevó algunas casas y tapió otras, yo vi algunas casas que se cayeron. Se mudaron varias personas, uno era mi mejor amigo. Un puente que estamos cruzando se levantó y la gente se cayó. Mónica: ¿La gente qué hacia? Correr al seguro. Mónica: ¿La gente gritaba? Si, porque era oscuro y no se veía, y si el río venía yo temblaba porque no veía si venía el río y lo que escuchaba era el ruido. A mí el río me llevó un poquito y me corté, me sacaron con una cuerda. Mónica: ¿Estabas asustado? Si, porque el río me llevaba hacia el mar.
Bernard – 10 años
(Muy ansioso e inquieto) Yo no se dibujar tanto. La casa de mi tía. Ella vive en Maiquetía. Estabamos ahí y la casa se partió en dos el día de la tragedia. Me dió lastima porque la gente se la llevaba el río, y vi cuerpos sin brazos y sin cabezas y vi una cabeza sola. Mucha gente ahogada en sus carros y me daba lástima. La gente quedó desamparada. A mi tía le quedó solo una parte de la casa. También me podía pasar a mi. Me dio ganas de llorar. No podía dormir Marjorie: ¿Todavía estas asustado? Si cuando llueve, se va la luz. Perdimos el juego de cuarto y la TV. Después fuimos a Valencia como cuatro meses y regresamos a la Guaira. Cuando me duermo pienso mal. Marjorie: ¿Qué piensas? Que me van a raptar, porque en todas las escuelas hay tira fotos. Yo quería salvar el Play station. Marjorie: ¿Como se siente? A veces me pongo bravo, por las cosas que me pasan. Marjorie: ¿Qué te pasa? Me quitan las chucherías. Veo en las noches que el río me esta llevando, que no me quiero morir. Esta es la casa cuando venía la avalancha, venía por los dos lados con pura gente, gente muerta. Se acabó el río y todos vivimos. En Valencia nos trataron bien. Me dieron comida. La casa de un amigo. No podían salvarse y vino un helicóptero y lo salvó.
Bernard – 10 años
Cuando fue la tragedia, nosotros íbamos a pasar al Seguro, y nos cayó un tronco grande y el árbol estaba tapando el puente y el agua se quedaba ahí, y el agua se salió, el puente se rompió, toda el agua se salió, hubo muertos, heridos, se cayeron casas, yo salí cortado, yo estaba agarrado de un mecate que se rompió y me agarré de la pierna de un señor. Nosotros saltábamos por los techos y llegamos al final de un callejón, me paré y ya. En el Seguro había mucha gente, hacía calor, los colchones estaban meados, nos acostamos en los colchones de bebes y con eso hicimos un colchón grande. En la mañana caminamos hasta la iglesia de La Guaira, nos montamos en una fragata y llegamos al aeropuerto. Ya terminé.
Bernard – 10 años
Mi perro que estaba en la casa, cuidaba la casa, se lo llevó el río. Era un perro guardián y no aguantó el agua que venía muy fuerte. Cuando lo vi estaba vivo. Vino el tractor y con la palanca la agarro y se lo clavó y lo terminó de matar pero de todas maneras se iba a morir porque no tenía respiración. Cada vez que veo un perro en la calle recuerdo al mío. El se llamaba Beethoven. Nos pusimos a llorar porque el perro tenía muchos años con nosotros y lo enterramos como si fuera una persona. Lo enterramos en la playa con su cruz y todo pero no lo velamos. Cuando veo la TV había uno igualito pero no era el mío y se quemó la T.V y no pude saber donde estaba mi perro. (Borró el perro que dibujo y comenzó hacerlo mas grande). Marjorie : ¿Qué siente? Dolor, cuando se murió porque vivió lo mismo que nosotros. Cada vez que veo un perro muerto me tapo los ojos.
Christina – 10 años
Que me dio mucha tristeza ver todos los niños que gritaban, que se caían las casas, las piedras, todas las casa que cayeron, los niños que murieron en esa tragedia. Esos niños me dan lástima. No tienen comida. Le ruego a Dios que más nunca vuelva a pasar esto porque es demasiado horrible. La casita tiene una parte que se cayó y que no está pintada.
Christina – 10 años
Todo el mundo gritaba. Gritaba “Auxilio, auxilio...ayúdennos!!” Estas piedras nos van a aplastar como pescado frito. Y después otro día, la gente amaneció destrozada sin adonde ir ni adonde dormir ni adonde comer y gracias a Dios ya no me falta nada de lo que perdí.
Jennifer – 11 años
El 15 de diciembre hubo una tragedia aquí en Vargas. El puente de Vista del Mar se cayó. La gente gritaba “!Auxilio!”Decían que se había caído el puente. A un niño que vivía cerca del puente, el río se lo trajo con un palo enterrado en la cabeza. Las casas se caían. Las piedras sonaban y la gente gritaba.
Hector – 10 años
Aquí estaba yo con mi abuela. Vi el río cuando estaba creciendo. Pasó dos veces una ola alta y otra bajita. La primera no la vi. La segunda casa se llenó de agua, pero tan fuerte, no. Aquí estamos nosotros en un terreno viendo como esa gente se ahoga y se llevó una casa. Lo que yo vi.
Hector – 10 años
Un dibujo de cuando se metía el agua en los pozos. Cuando el agua estaba cayendo, era gris. Aquí yo estaba asustado, preocupado por mi familia. El río se metió a casa de mi tía y ellos se salieron rápido. Si no, se los lleva. Cuando la casa se cayó, yo estaba con mi familia. Ahí se metieron los ladrones y se robaron la televisión. La ventana ya estaba toda echada a perder.
Antonio - 11 años
Esta era la planta eléctrica que estalló. Mi casa retumbó. Mi papá me dijo que cuando se explotó la planta se estremeció la casa y él cayó debajo de la casa. El agua tumbó la pared del Madre Emilia; en una casa vieja se cayó la pared del baño. Mónica: ¿Te asustaste? Si, porque la gente decía que el Ávila se iba a salir y se iba a llevar la cervecería, pero fue mentira y nos quedamos en la casa, lo único que no teníamos era para “papear.” Mónica: ¿Cómo hicieron? Con lo que saqueé y nos dieron. Después fuimos al puerto. Conseguimos furgones rotos, me quité lo que tenía, me tiré al agua y agarré un poco de corotos y se los llevé a mi primita. Me vestí y conseguí otro furgón de manzanas. Las agarramos y las metimos en el saco, salimos por el río y yo pasé tranquilamente corriendo y los zapatos cruzando el río se me pusieron hediondos y se me rompieron. Y si te sigo contando te vas a gastar una resma de papel.
Antonio – 11 años
¿Puedo dibujar un edificio? Mónica: Cómo tú quieras En diciembre empezó la tragedia y al siguiente día, había este edificio y el edificio se partió, así, hacia abajo y aquí, aquí, aquí, aquí, hasta el piso 120 había lodo y el agua venía y se metía y aquí había la carretera, aquí la casa de los Garcia y el edificio más abajo. Chávez llegó en un helicóptero y agarraron a los siete y se los llevaron con Chávez lejos de aquí Mónica: ¿a dónde? Y después Chávez vino a la planta de la luz y se puso ahí con un helicóptero y parece que sacó televisores, comida y lo repartió abajo. Yo bajé y lo conocí, me dio la mano y todo Mónica: ¿cómo te sentiste? Dije por fin ví a Chávez. Después lo vi desde lejos que pasaba con una camioneta por un puente y dijo, “Ahora a esto es que le falta.” Y luego se encadenó a bajo en televisión y dijo, “Mira cómo está el Estado Vargas, ahora es que falta para acomodarlo.” Y mandó a acomodar un puente allá abajo Mónica: ¿lo arreglaron? Si, con una broma de hierro.
Juanita - 11 años
Yo casi no me acuerdo porque nos fuimos rápido. Las montañas, un cartel, el río cuando bajaba fuerte, la gente pasaba por el puente. Esta es una niña que estaba corriendo porque estaba asustada. Las casas que estaban en la montaña se cayeron todas. Cuando llueve el agua sale por la montaña. Teníamos que correr para otra calle. Teníamos que irnos rápido y tuvimos que correr una escalera larga. Teníamos que dar la vuelta para el bloque 1 y de ahí fuimos a Guarenas a una casa de mi familia. Esta casa fue la que quedó en el medio, que el río no se llevó. Mi casa se tapió por debajo. Ayer fui al río y vi este cartel y me impresionó. Es primera vez que veo en una montaña un cartel. El puente estaba resbaloso pero la niñita no se resbaló sino que subió para arriba. Había mucha gente. Marjorie: ¿Qué pensaba la niñita? Piensa que se podían llevar su casa, que esto no iba a volver a existir, que esto se iba a volver puro río. Marjorie: ¿Qué siente? Siente miedo y tristeza porque el río crece. Todo el mundo se fue dos veces: primero el 15 de diciembre y la segunda el domingo en el 2000. Falté muchos días a la clase. El río se llevo a una persona. Se llamaba Gela. El se fue a bañar y le dijeron que el tiempo estaba muy feo y el dijo que “No” y se murió. Era amigo de mi abuela y a una muchacha también se la llevó. Le dijeron “¡Corre!” y no corrió y por un huequito donde salía la cloaca, tenia un hueco por ahí el río se desbordó y se llevo a la muchacha.
Juanita - 11 años
Empezó a desbordarse el río a las 6 de la mañana. La gente no se imaginaba que iba a crecer así. Entonces como la gente botaba basura en el río el puente estaba muy resbaloso. La gente pasaba por ahí agarrada del tubo, entonces de noche mi tía estaba acomodando el arbolito y después lo desacomodó y entonces salió corriendo y no podía correr porque estaban los bomberos. Si corría, el río se la llevaba. Tuvieron que lanzarle un mecate y entonces ella lo agarró. En la puerta estaba su hijo y salieron los dos. “De bromita” a mi prima se la iba a llevar el río; mi tía agarró a mi prima y pudieron pasar poco a poco y después subieron corriendo, entonces nos quedamos abajo esperando y nos dijeron que corriéramos, que estaba subiendo el río, entonces yo con mi angustia fui a buscar a mi abuela, a mis tías y entonces subimos. Agarré a mis primos y mi abuela y tuve un poco de escaleras, poco a poco llegamos , nos sacaron de esa casa porque se estaba cayendo y al rato que salimos se cayó la casa de nosotros. Estábamos en el Bloque 1 que esta allá abajo y pasaron dos días y nos vinieron a buscar, Nosotros ibamos para Carayaca entonces no podíamos pasar porque había mucha tierra. El carro no podía pasar muy bien, nos fuimos para Guarenas entonces después fuimos para casa de mi tía y estuvimos un mes. Nosotros nos vinimos en enero, entonces llegamos allí en la noche yo abracé mucho a mi mamá entonces le di un regalito y de ahí nos fuimos a dormir.
Santiago – 10 años
Estas son las piedras y éste el tronco. La casa, el hombre salió pa afuera a ver y la señora y esta otra casa y las puertas y las otras puertas de las otras casas y esta la montaña y éste el río, ya Mónica: ¿qué pasó con el río? Tumbó bastantes casas un poco de furgones y hasta edificios Mónica: ¿qué les pasó a ellos? Salieron a fuera a ver y después por poquito se caían Mónica: ¿los dos? Sí Mónica: ¿se asustaron? Si Mónica: ¿les pasó algo? No Mónica: ¿la gente estaba asustada? Si.
Sylvia – 11 años
Aquí está el río con muertos y aquí esta mi familia durmiendo. Mi papá iba para el baño y cuando vio el río llamó a mi mamá. Se levantó y no me quiso llamar, porque yo sufro de los nervios (me bautizaron a los 2 años y amanecía con moretones y mi mamá decía que eran los duendes) al día siguiente subí a casa de mi abuela y vi como el río se llevaba piedras, árboles y a la familia. Mi abuela tenía los nervios y la puntada en el corazón. Mi papá salió a la calle a buscar comida, pañales, agua para bañarse y hacer comida. Mi tía sufre de los nervios por la tragedia. Una señora se llevó a un niño recién nacido en sus brazos y se lo llevó el rió y murieron la mamá y el niño.
Sylvia – 11 años
Había una vez que estaba pasando una tragedia como en el Edo. Vargas. Había pasado el rió, se llevó casas, niños, animales y las vidas de otras personas. Eso fue tan feo que toda la gente no podía salir de sus casas y una señora no quería salir de su casa y se la llevo el río, pero al ver la señora ya estaba muerta y esas personas como su esposo se pusieron muy tristes que se había muerto. Ella era tan chévere con todos sus vecinos, amigos, compañeros etc. Ese día fue tan feo que la gente creía que era un sueño hasta que el río se secó como ahora. Está, tan seco que se están muriendo de la sed, hasta que al fin llovió y de la montaña agarramos mucha agua y la gente se puso ahora muy contenta por haber tenido que tomar y se pusieron muy felices, pero algunos no porque pensaban sobre la tragedia Marjorie: ¿Qué pensaban? Que iba a volver a crecer el río y los amigos les dijeron: no se pongan tristes porque no va a crecer otra vez el río y ellos también se pusieron muy felices con los demás vecinos y vivieron felices por siempre.
Daniel - 9 años
En este balcón estaba yo, mi tía y prima estabamos asustados Esto era un barranco; todo se había unido, a mi abuela la tuvieron que cargar, una tía se llevó un bulto de comida y nos dio refresco, agua. En la montaña había una piedra y destrozó todas las casas y le quitó la mitad de la platabanda de mi tía. Nosotros no teníamos a donde agarrar y fuimos a Maracay y nos trataron bien.
Daniel – 9 años Una casa. De repente creció la quebrada y se llevó muchas casas, muchas piedras y destrozó todas las calles y la gente asustada no tenía adonde irse. Los guardias les daban comida, agua, les daban de todo. Y ellos la agarraban porque no tenían nada, absolutamente nada que comer y todo se acumulaba y caía en la playa y los peces se morían por tanta infección que agarraban.
Lorena - 12 años
A una señora que vivía por casa de mi tía se la llevó el río, se quedó tapiada. Mónica: ¿La conocías? Si, era madrina de mi mamá. Mónica: ¿Viste cuándo se la llevó el río? No. Mónica: ¿Cómo te enteraste? Mi tía me lo dijo. Mónica: ¿Cómo te sentiste? Mi mamá mal y yo mal, ella nos daba clases de matemática. Mónica: ¿Y a su familia qué le pasó? Su hijo quería salir en la camioneta, pero cuando vino la ola no pudo correr y el río se la tapeó, su hijo trató de salvarla pero no pudo. Mónica: ¿Algo más? No más nada.
Manuel – 12 años
¿La inundación?... ¡Noo!... ¡Eso se me olvidó ya!. Había una vez, el río se llevó el puente, un carro. Llovía todos los días. No había sol. La gente estaba asustada porque vivían al lado del río y los niños también estaban asustados. Se llevó una casa y la gente corría para otro lado para salvarse del río y que no se los llevara. Se llevó muchos carros, muchas casas. No me acuerdo de más nada.
Victoria – 9 años
¿Puedo poner una roca aquí? Mónica: Cómo tu quieras. Al montarnos en el helicóptero, la cuerdita se estaba reventando. Me caí al agua. El río me llevó y al amanecer, amanecí en una piedra y ya...Después mi mamá me vino a buscar, mi tía y mi tío. Mónica: ¿Quiénes están aquí? Mi tía, mi abuela, mi tío, mi hermano.
Lorena – 12 años
Como a las 9 de la noche, empezaron a crecer los ríos. Primero fue el de Piedra Azul, a las 6 de la mañana el de Quebrada Seca. Los ríos empezaron a tumbar las casas y el río venía con más fuerza y los árboles se caían. Cuando vino una ola, tumbó una casa, parecía que fuese a explotar. Duró horas la crecida y ya. Mónica: ¿Qué sentiste? Me sentí mal, angustiada, llorando, pensé que mi tía se iba a morir, no me llevó el río.
Manuel – 12 años
El río pasó sobre la casa. Estaba como una persona allí arriba de la casa, había como una persona. Se llevó carros, postes, casas, gente, puentes, perros, árboles y un poco de bromas y más nada. ¡Ah! Y se llevó el automercado, los furgones. Hubo saqueo. Todo el mundo estaba asustado, saqueaban. Vi gente enterrada. Se llevó apartamentos y trajo piedras y arena.
Victoria – 9 años
Esto fue cuando las piedras bajaban del río y las personas bajaban en el río. Los niños llorando, hasta señoras embarazadas. Mónica: ¿Tú lo viste? Si, con una linterna que tenía el señor que estaba viviendo con mi mamá ahorita, desde hace 8 años. Mónica: ¿Qué veías? Gente en el río pidiendo auxilio. Este rayo es porque en casa de mi abuela (yo duermo con mi abuela y mi prima) el rayo cayó justo al lado de la cama donde estaba yo, y mi prima fue a buscarme y se puso a llorar conmigo, entonces todos nos acostamos y nos arropamos de pies a cabezas porque teníamos miedo. Luego la mamá de mi prima la fue a buscar. Mónica: ¿tu qué hiciste? Me quería ir porque por Montesano pasaba el río, ahí vive la mamá de mi papá. Cuando escampó, fui con mi abuela que tiene 79 años y le llevé comida. De la casa de la Señora Miriam no quedó nada y la de mi abuela paterna tampoco. Cuando yo fui mi papá tenía un yeso y le pregunté qué pasó y me dijo que se puso a pelear por su familia.
Marcos – 11 años
Esta es la casa, y viene el río, pasa y la rompe en dos, y se la lleva una ola grandísima y a personas que se están montando en un carro para irse y el río crecía y nosotros corriendo y se llevaba gente y destrozaba casas, abría huecos, aplastaba a la gente, la gente guindada de matas para salvarse, pero las matas se las lleva y la gente grita como loca diciendo “el río el río viene el río”. Y la gente que se fueron en su carro se fueron a Barquisimeto y allá preocupados por su familia, llorando hasta que llegó la familia que creían que estaba muerta y cuando llegaron lloraron, se abrazaron y desearon cosas. A los días pasó y de Barquisimeto volvieron a La Guaira y se bañaban en los ríos y todos felices Mónica: ¿cómo se siente esa familia ahora? Mal porque murió mucha gente amigos y vecinos, sus casas y llorando por la gente que fue violada en la desgracia. (Toma el lápiz y dibuja la parte superior de la hoja) Mónica: ¿Qué es? La noche. (Luego dibuja el número cinco) Mónica: ¿Y ese cinco? Ocurrió a las cinco de la mañana.
Marcos – 11 años
Esta era una casa bella; la estaban pintando porque iba a ser 31 de diciembre, le estaban poniendo bombillos. Un día se hizo de noche y estaba lloviendo y el río estaba crecido pero no se llevaba nada, después al rato, el río se llevó las escaleras y creció y la gente de esta casa se fueron y una señora decía que no se fueran y el esposo de su hija le decía que si estaba loca para quedarse. Se fueron en un carro, estacionaron en casa de un amigo de su esposo y el río se fue por las calles y pasaban niñitos. Se metieron en una casa, estaban durmiendo y había cuatro, no, tres que tenían frío y uno que tenía calor. El que tenía calor se mojaba y se mojaba del susto. Pasaron hambre, comían puras galleticas. En la noche sonó un ruido como el río, pero era un avión, la gente decía "viene el río". En la noche fueron a buscar comida, y consiguió. Los bomberos decían que en la cabecera estaba lloviendo y los de esta casa (señala) del miedo se fueron al trabajo de el señor, le dieron plata, agarraron un autobús a Barquisimeto , donde vivían los familiares, la esposa pensaba en su hermana y la madre en su hija. Ella se calmó, pero luego vino una tragedia que vinieron unos malandros y robaron un televisor, un radio e intentaron violar a la señora. Luego el malandro le dijo al otro que lo ayudara, el malandro con un cuchillo le robó el televisor. Mónica: ¿Qué es esto? Estas son piedras con personas, esto el río, un tubo, esta casa se salvó (señala la derecha) y esta no (señala la izquierda), las dos matas se las llevó el río Mónica: ¿Qué piensan de los que les pasó? Se están recuperando, comprando otra casa. La otra parte de la familia se asusta con el tiempo Mónica: ¿Cómo se sienten? Su casa era bella bonita y nunca tendrán otra igual, además los animales que allí vivían nunca podrán recuperarse Mónica: ¿Qué animales? Perro y gato Mónica: ¿Qué les pasó? No los pudieron rescatar porque el río estaba muy crecido Mónica: ¿Alguien tuvo la culpa? Si, el río. Esa familia es la mía y yo quisiera que esos animales vivieran, pero no los pudimos rescatar, lo que más me duele es que estaban amarrados y no pudieron escapar Mónica: ¿Te da rabia que no te dejaran soltarlos? Si, mi abuelo tenía un perro y dice que está en el cielo, yo creo que mi gato se pudo salvar porque no estaba amarrado, pero yo lo he buscado y no lo encuentro Mónica: ¿Cómo era? Amarillo y se llamaba “Nieve”. Yo cada vez que veo pasar un gato lo llamo a ver si voltea, si algún día voltea sabré que es mi gato Mónica: ¿Tienes animales ahora? No, no quiero tener ninguno, a mi me gustaban los míos; el gato, el perro, las gallinas, unos pajaritos y una tortuga.
Marcos – 11 años
Una casa que era muy bella, pero con una tragedia desapareció, pero aguantó con tanta fuerza que desapareció. La gente que vivía ahí lloraba recordando la casa y los animales ¿qué animales? Un gato, un perro, un morrocoy, un gallo, pajaritos y periquitos. La gente que vivía allí de tanto llorar dijeron “ nosotros podemos hacer otra vida y vamos a recordar y recuperar todo lo que teníamos” y con un dibujo así, como el que hizo mi mamá, lo recordaron y si se puede hacen con el dibujo y los ingenieros otra casa igual, preguntando cuanto costaba Mónica: ¿Qué es esto? Una casita donde venden flores, en el patio un camino a la salida y otro a la puerta trasera dan a otra calle y al callejón. Este es un almendrón con su columpio y dos señores jugando cartas, un pajarito en el techo Mónica: ¿Qué es esto? Pajaritos con el sol y este el árbol por donde iba el río, este es el gallinero y aquí el río Mónica: ¿Quiénes viven en esa casa? Mis abuelos, mi tía, mi tío, mis primos y yo.
Marcos – 11 años
Si lo pinto no se ve. Primero estaba lloviendo, luego escampó y se puso negro todo y ahí había la luna y se tapó. Después cayó un palo de agua, vino el río pero no tan crecido, después crece más duro y más grande, la gente corriendo, se cae un tubo y la gente se muere electrocutada, se lleva una casa, un carro, gente corriendo, el río bajó y llegó a la ciudad, tumbó los edificios, llegó al mar y un ruido horrible, las casas temblaban, la gente gritaba asustada. Pasaron seis días y se calmó, la gente salió a saquear, vinieron los bomberos. A los días volvió a crecer el río y se llevó a un señor que no se había muerto antes. Se calmó el río, vinieron unos tractores a mover, pero el río crece otra vez, pero no se lleva nada. La gente llorando y rezando porque venía el agua, y después seguía pero ya no creció más el río. Y cuando se ponen las nubes la gente se pone los silbatos para avisar que viene el río.
Acerca de los Autores
Daniel Benveniste, Ph.D. es psicólogo y psicoterapeuta de orientación psicoanalítica. Formado en la ciudad de San Francisco, California, realizó sus estudios superiores en la San Francisco State University y sus estudios de doctorado en el California School of Professional Psychology. Trabajó por muchos años en practica privada, clínicas, escuelas, centros de tratamiento residenciales y clínicas de emergencia psiquiatrica. Fue director de entrenamiento de dos programas de doctorado en Psicología Clínica y supervisor clínico en otros programas. Con amplia experiencia docente en el campo de la psicoterapia, ha dictado cursos en la University of California en Berkeley, The Wright Institute, California School of Professional Psychology y actualmente en el postgrado de psicología clínica de la Universidad Central de Venezuela y Universidad Católica Andrés Bello. También ejerce practica privada en la ciudad de Caracas.
Adriana Prengler C. es Psicólogo Clínico y Psicoanalista. Miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Caracas y de la International Psychoanalytical Association. Realizó estudios superiores de Psicología en la Universidad Católica Andrés Bello y de Post Grado en Psicología Clínica en el Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo. Posteriormente se formó como psicoanalista en la Sociedad Psicoanalítica de Caracas, ejerciendo actividades docentes en esa institución, asi como en los postgrados de Psiquiatría y Psicología Clínica del Hospital militar Carlos Arvelo y como supervisora en la especialización de Psicología Clínica en la UCV. Se desenvuelve en otras labores docentes como supervisora de casos clínicos y cursos de análisis psicológico de películas. También ejerce practica privada en Caracas.
Martin Villalobos es Profesor Agregado de la Escuela de Psicología , Jefe del Departamento de Psicología Clínica Dinámica y Coordinador del Curso de Especialización en Psicología Clínica de la Universidad Central de Venezuela. Es Licenciado en Psicología. Realizó sus estudios en la UCV y trabaja en la Sección de Neuropsicología "Julio Borges Iturriza" del Servicio de Neurología del Hospital Universitario de Caracas, en el Departamento de Psicología de la Organización de Bienestar Estudiantil de la Universidad Central de Venezuela (OBE-UCV). Después de la tragedia de Vargas en 1999 fue Coordinador (junto a Juan Carlos Canga, Ligia Sánchez y Jesús Sánchez) de la "Red de Apoyo Psicológico" que organizó el trabajo de atención psicológica a los damnificados de Vargas .
Mónica Fraca Villar es Licenciada en Psicología. Mención Clínica Dinámica. Realizó estudios superiores de Psicología en la Universidad Central de Venezuela, en la Unidad de Asesoramiento Psicológico y Académico (UAPA) de la escuela de Psicología. Se desempeñó como psicólogo en la Unidad de Radioterapia y Medicina nuclear del hospital Clínico Universitario, en El Instituto Técnico Jesús Obrero - Unidad de Servicios Estudiantiles (USE) de la Facultad de Humanidades y Educación. Actualmente es psicólogo en la Unidad de rehabilitación Médica “J.J. Arvelo”. Actualmente es psicóloga psicoterapeuta en la ciudad de Madrid, España
Marjorie Gutierrez Fontaines es Licenciada en Psicología. Mención Clínica Dinámica. Cursó estudios superiores de Psicología en la Universidad Central de Venezuela, realizó pasantías en el Servicio de Neuropsicología del Hospital Universitario de Caracas y en la Fundación José Félix Ribas en atención a pacientes fármaco dependientes. Se desempeñó en la Fundación Centegrupo como psicólogo de la Línea de Ayuda Antidrogas. Actualmente es psicóloga psicoterapeuta en la ciudad de Madrid, España
Sabrina Ramírez Barreto es Licenciada en Psicología. Mención Clínica Dinámica. Realizó estudios superiores de Psicología en la Universidad Central de Venezuela, efectuando sus prácticas clínicas en el Hospital Militar “Dr. Carlos Arvelo” y en el Ambulatorio del Hospital Clínico Universitario, así como en la Fundación Centegrupo en la Línea de Ayuda Antidrogas. Actualmente es psicóloga psicoterapeuta en la ciudad de Caracas, Venezuela
Los Niños de Vargas son sobrevivientes de la inundación de Venezuela en diciembre de 1999 y eran estudiantes de la Unidad Escolar Nacional “Manuel Segundo Sánchez” del Estado Vargas. En 2009 tienen entre 17 y 20 años!
Cuentos de la Inundación
En diciembre de 1999, después de copiosas lluvias ininterrumpidas, Venezuela sufrió una inundación de tal magnitud que mató entre cinco y siete mil personas según versión oficial de Defensa Civil y entre diez y vienticinco mil personas según versión extraoficial, dejando además cientos de miles traumatizadas y sin hogar. Un año después del desastre, la Universidad Central de Venezuela, la Cruz Roja y una escuela en Vargas comenzaron un proyecto para ayudar a algunos de los niños que continuaban traumatizados por esta experiencia. En este proyecto tres estudiantes de la Escuela de Psicología de la UCV evaluaron veintiocho niños y administraron un breve tratamiento para catorce de ellos. Como parte de la evaluación, cada niño fue invitado a dibujar la inundación y a contar un cuento sobre su dibujo. Posteriormente, en el proceso de la psicoterapia del arte, muchos niños realizaron dibujos adicionales de la inundación. Este libro es una colección de algunos de estos dibujos y cuentos de la inundación, en su mayoría realizados un año después del evento traumático.
“Este era una gente de arriba. Le gritaban a los de abajo para que subieran. El río se había llevado casas y todo eso. Caminaban con sus hijos por los techos. Cruzamos el río con mecates y con una lancha inflable. Estaba asustada. Las piedras me pegaban y pensé que el río me iba a llevar. Un señor con sus perritos se murieron cuando la guaya se soltó y los mató.” Dulce – 12 años “
Un río. Se llevó el carro. La gente nadaba. Los palos iban bajando. Los troncos, las matas, se cayeron muchas casas. Saquearon el mercado. Se perdieron muchos carros. Hubo desaparecidos. Bajaba mucho agua que se llevó una torre. Se cayó el puente, el agua del río se fue para el mar. Se echó a perder la carretera. Se fue la luz y hubo tiroteo. Mucha gente murió. Hay piedras que se trae el río.” Aldo – 9 años
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